Como una cabra…

¿Por qué una cabra hablando del mental?

El Cuerpo Mental

Vamos a imaginar un ordenador muy potente.

Vamos a imaginar un procesador de 100.000 chips funcionando al unísono, perfectamente coordinados.

Vamos a imaginar que ese potente ordenador lo conduce un adolescente que no sabe valorar el alcance de sus capacidades. De forma torpe utiliza los diferentes elementos intentando imitar a los otros adolescentes que tiene delante sin valorar su propia valía.

La pregunta es: ¿Cómo convencemos al adolescente que puede aprender a utilizar el ordenador de forma eficiente? ¿Cómo convencemos que esos programas, que esos resultados que tanto anhela no los va a descubrir fuera sino que los va a encontrar dentro de sus planteamientos?.

Tenemos a un adolescente ebrio de todas las posibilidades que le brinda su ordenador. Empieza a jugar en línea, dibuja, mira páginas de Internet, con un programa determinado construye edificios, con otro programa, se dedica hacer hojas de cálculo, con mediante Internet se dedica a viajar virtualmente con fotos y vídeos, etc. etc. etc.

Tenemos un adolescente entusiamado, con tantas posibilidades, que busca su felicidad en todos esos circuitos, en esa pantalla. Y el problema principal que tiene los podríamos definir en dos: primero que supiera exactamente qué es lo que quiere con ese potentísimo ordenador. Y el otro problema O reto, sería como utilizar ese potentísimo ordenador para conseguir sus objetivos, una vez que estuviera marcados.

Por tanto, vamos a pensar que es una escalera cuyo primer escalón es el de saber que queremos.

Una vez que sabemos lo que queremos vamos a buscar Los medios.

Esos medios van a encontrarse en la propia experiencia del adolescente, van a encontrarse en los propios circuitos desde adolescente iba a encontrarse en información súper seleccionada que va a ir escogiendo lo largo de su camino.

Lo que nos encontramos muchas veces es un grupo de adolescentes, que no tienen ni idea de sus capacidades o que no sabe valorarlas correctamente. Que no sabe qué objetivos quiere, que sus objetivos no son propiamente personales, sino que corresponden a un grupo de amigos o de intereses. Y que en absoluto confían en que a través de sus circuitería pueda llegar a superarse así mismo de una forma espectacular.

Muchas veces utiliza ese ordenador para justificar que no llega a sus objetivos por medio de programas de lenguaje realmente sofisticados. O por otro utiliza ese ordenador como forma de expresión del malestar del no llegar a los objetivos que quiere llegar.

No se imagina lo que tiene en su poder ni a dónde puede llegar.

El ordenador no venía con libro de instrucciones. Le dijeron: «Es la vida, te las tienes que apañar tu solito». Y no tuvo instructor, profesor, guía que le enseñaran a cómo utilizar el ordenador.

Hombre, sí que tenía que utilizarlo para mil y una cosas que decían que era para su bien, para poder integrarse en la sociedad. Otra cosa es que el ordenador por sí solo daba continuamente sorpresas. O bien se enamoraba en un momento dado, o bien se estropeaba el armazón que lo contenía, el cuerpo, o bien había situaciones en que el propio ordenador parecía volverse loco y entraba en bucle. O se quedaba colgado, sin saber dar respuestas a los problemas o retos que se le planteaban.

Os quiero dar a entender que ese ordenador es vuestro cerebro y que es posible dominarlo y buscar soluciones y estados de mejora tanto en mí como en los demás.

El ordenador es tan complejo, tiene tantas partes que, de alguna manera, fácilmente entran en contradicción unas con otras.

En los circuitos electrónicos, uno de los elementos más importantes es la velocidad de los microprocesadores. Esa velocidad está dando un tiempo concreto para que se efectúen los procesos que llevarán a resultados.

Esa velocidad, ese tiempo del ordenador de nuestro trabajo o casa es también básico en nuestro ordenador hecho a base de neuronas. El tiempo es básico para que esos cálculos se realicen correctamente.

Por tanto, ya tenemos tres elementos básicos a considerar:

– los fines u objetivos.,

– los medios a utilizar.

– el tiempo como organizador de todo el proceso.

El poder conseguir conquistar el tiempo de todo el procesador interno pasa por saber parar toda la actividad cerebral con el objetivo de conseguir controlar todos los sistemas, no que cada uno vaya por libre (memoria, recuerdos, frustraciones, alegrías, sensación de estrés, enfermedades, etc.).

Para que los tres elementos principales puedan llevarse a cabo es necesario que antes haya una fuerza necesaria que ponga en marcha todo el sistema que estoy describiendo.

Cuando hablamos de adolescentes, estamos hablando de la fuerza de lo padres con el amor que profesan para que tire adelante. O estamos hablando de la fuerza que le confiere su grupo de amigos. O de la fuerza de su mentor, terapeuta, líder espiritual le enseñó que podía poner en práctica. O la fuerza de la comunidad a la que pertenece y con la que vibra y convive. Hay muchos tipos de fuerzas.

Esa fuerza que en famosas películas galácticas cobra un protagonismo especial, le vamos a llamar aquí Motivación.

Sin esa motivación no vamos a poder aprender a manejar todo esto.

Esa motivación es la que flota en el ambiente y sobre la que quieren tener poder todos los poderes de tipo económico, político, social, etc. Puesto que esa FUERZA DE MOTIVACIÓN es la clave de la felicidad, del amor, del servicio, es como la llave magistral que lo abre todo. Quien busca, encuentra.

Hoy en día hay tantas ofertas, tantas necesidades reales y artificiales, tanta estimulación ambiental que es difícil poder poner en orden todos estos temas. La estimulación es tan bestial que hace perder al hombre sus objetivos, sus medios y vuelve loco a su reloj interno. Olvidando y eliminando sus posibilidades.

Y es que esta máquina tan compleja tiene un funcionamiento tan y tan sencillo, tan infantil, que puede ser engañada fácilmente por el propio adolescente que la dirige como por los que tiene a su alrededor.

Los grandes secretos que podemos descubrir en ese ordenador, nuestra mente sigue unos principios extraordinariamente simples de comprender y muy difíciles de manejar.

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