Priorizando lo interno

(Puedes leer este artículo en Substack)
Es que vivimos en una época donde prestamos demasiada atención a lo externo.
Os explicaré una anécdota. Voy a comprar y me dice el de la tienda, “Tú que eres psicólogo, cómo ves la sociedad hoy en día, que todos nos estamos volviendo locos…”. Mundo externo (sociedad) que implica la hipotética locura del mundo interno (“nos estamos volviendo locos”).
Otra. Esta mañana he tenido una persona que valora mucho la coherencia y en su familia hay mucha falta de coherencia. Se fija en todos los demás -mundo externo- y yo, como terapeuta, insisto en que se fije en ella -mundo interno-.
Es decir, hay una intención de que las cosas estén bien, que la gente responda coherentemente y que la sociedad avance en positivo. Bien, todo esto, a parte de difícil y complicado, es externo. Estamos hablando de los demás, de los hijos o parejas, del gobierno o del que me acaba de hablar por teléfono que no hay quien lo entienda. Todo eso es externo. La tele, internet, el dinero, las redes sociales son elementos externos.
Todo lo que no haga referencia a mis sentimientos, de forma explícita, es externo.
¿Qué pasa cuando nos centramos en nosotros mismos? Pues que para llegar a nosotros mismos tenemos que limpiar todo lo externo de lo que hemos formado parte o hemos compartido. Por eso, al inicio de las meditaciones la cabeza da vueltas y vueltas hasta que se empieza a centrar.
Lo curioso es que para tomar decisiones importantes en la vida necesitamos conectar con nosotros mismos, en un trabajo o un cambio de vivienda, porgamos por caso: qué necesito, qué quiero, cómo soy, cómo reaccionaré,… El diálogo con nosotros mismos es impactante y determinante. ¿Dónde iremos de vacaciones? ¿Me lo pasaré bien?¿Y mi pareja? Pero yo no soy mucho de playa… Todo eso es interno.
Es como si la inmediatez de lo que somos la pasáramos por alto hasta que leemos un libro de autoayuda o escuchamos un vídeo de Marian Rojas Estapé. La evidencia interna es tal que cuando nos la explican -bien explicada- nos vemos fácilmente reflejados y nos rendimos ante sus descripciones y sugerencias. Lo interno toma el poder, se alza como elemento a tener en cuenta. Los sentimientos y pensamientos ahora son ahora los protagonistas, los leemos, nos los explican, y a partir de ahí tienen se priorizan sobre todo lo demás -externo-.
Lo más curioso de todo esto es que para que una persona sea sabia, sea madura, es necesario que tenga la mirada interior lo más clara posible. Que se conozca a sí mismo. Que tenga un acceso directo a su mundo interno. Es cuando la persona es capaz de mantener el temple en situaciones estresantes, puede tomar decisiones con conciencia y aplica sus propios valores en momentos cotidianos.
Como ya he comentado en algunas ocasiones, los ojos los tenemos mirando hacia afuera y para madurar y crecer, es necesario que los enfoquemos hacia adentro.
Justamente eso hacemos en cada meditación*, orientar nuestra mirada hacia dentro y contemplar la maravilla que somos, sin engordarla y ni empequeñecerla. Aceptando tanto lo positivo como lo negativo que podamos encontrar en nuestro interior. Con esa intención constante de querer mejorar cada día un poquito.
No somos tantos los que tenemos esta intención, no somos tantos los que meditamos y miramos hacia dentro. Eso sí, os digo que cuanto más seamos, el mundo irá mejor.
*Te invito a las meditaciones on line gratuitas -mundo interno- que realizo cada sábado de 8:00 a 8:30. Para más información puedes clicar aquí.
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